Acostarte triste, despertar eufórico

Hoy es el Día de Andalucía. Y justo hace un año que nos mudamos de Madrid a la provincia de Cádiz. Después de 13 años viviendo en la capital, en los que hemos sido muy muy felices, sentíamos que necesitábamos un cambio y, aunque nos costó asumirlo y nos daba miedo lo que pudiéramos encontrar, le echamos valor.

Acostarte triste, despertar eufórico - Post Día de Andalucía - Pequeños Placeres

Todo en la vida tiene sus etapas y aferrarse a las cosas por comodidad tan solo aplaza un sufrimiento ya que, cuando sientes algo, o le das una solución o se enquista hasta salir más tarde de alguna otra forma menos natural.

Sin miedo a los cambios

Madrid es alucinante, te deslumbra desde el primer día. Por sus calles llenas de tiendas diferentes, sus bares,  su gente de todas partes, por pasar desapercibida aunque vayas vestida de Lady Gaga, por los teatros, la fiesta y las oportunidades de trabajo, es una ciudad que no te deja indiferente.

No fue fácil tomar la decisión de cambiar todo aquello, nos volvimos tristes de allí, dejando atrás nuestras costumbres y a nuestros mejores amigos. Incluso estando convencidos de que era la mejor opción en ese momento, creíamos que nuestra vida iba a ser aburrida e iba a carecer de las emociones que te brinda Madrid. Pero nada más lejos de la realidad, nuestra corazonada resultó ser una gran decisión.

Los placeres de Andalucía

Nos hemos encontrado y reencontrado con muchos otros pequeños placeres: pasar tiempo en la naturaleza, el solecito de invierno, la playa, tener macetas en el patio y que no se mueran, el olor a azahar, las calles que huelen a guiso de abuela, los campos de girasoles, oír cantar a los pájaros, tener todo más a la mano, ver cómo las personas viven más tranquilas y son más cercanas…

Aquí en Jerez, la ciudad donde vivimos ahora, la vida es más lenta, la comida viene de cerca y sabe diferente, todo es más verde y el aire está más limpio. Se disfruta más del tiempo porque no tardas horas en desplazarte y, aunque no todo es bueno, agradecemos haber dejado atrás las prisas y poder saborear las cosas un poco más.

Aun así, cuando vamos a Madrid se nos coge un pellizco en el estómago porque seguimos sintiendo que allí está nuestra casa. Allí aprendimos a ser quiénes somos y hemos vivido los primeros años de nuestra relación y de nuestra empresa.

Pero un año después, aquí estamos con la sensación de que no importa tanto dónde estemos, sino cómo decidamos vivir.

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